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Seguramente vivimos en la época histórica que más energía emplea. No me refiero tanto al uso de combustibles fósiles, sino a la energía descomunal que dedica la humanidad actual a hacer más y más cosas. Lo más asombroso no es tanto la cantidad de cosas que hacemos, sino que muchas de ellas las hacemos a disgusto. Nos hemos habituado a levantarnos y hacer las cosas desde un esfuerzo forzado. A dedicar muchísima energía y tiempo a tareas que no nos gusta. Empleamos nuestra vida realizando múltiples tareas que no nos satisfacen. Pero, ¿cómo es eso posible?¿Quién elige dichas tareas?

La enfermera y experta en cuidados paliativos Bronnie Ware afirma que el arrepentimiento principal de los moribundos es no haber vivido la vida que ellos hubieran querido vivir, sino la vida elegida por otros. Ello demuestra que vivir la vida que nos corresponde no es tan fácil ni evidente. Pero, ¿cómo puede ser tan difícil vivir la vida que nos corresponde?

Esto parece contradecir una apreciación bastante obvia: el ánimo o la energía vital que nos mueve a diario tiene cierta espontaneidad, está dispuesta para que la usemos como mejor consideremos. No necesitamos que nos convenzan de nada para tener entusiasmo por cierto tipo de actividades, especialmente las aficiones; tan sólo descubrimos que nos gustan y las hacemos. Cuando ejerces una actividad porque te gusta y realiza tu existencia no hay ninguna “fuerza de voluntad” que invocar, pues dicha energía emana de forma natural. Otra cosa muy diferente es que nuestro día a día venga acompañado de cierta constancia y disciplina en nuestros propósitos, a fin de focalizar bien la energía que disponemos.

La vida no requiere de esfuerzo, porque ella misma es dinámica y está cargada de energía. Así que no es correcta la famosa expresión “voluntad de vivir” de Schopenhauer.

La primavera no tiene que esforzarse para ser primavera.

Sin embargo, cuando esta energía no fluye con naturalidad es porque existe algún tipo de desconexión. Esta desconexión respecto de una vida armonizada con nuestra esencia y dotada de significados de calidad sólo puede prolongarse en el tiempo desde una dimensión arraigada en el sacrificio, la lucha por la supervivencia y la competitividad.

Una característica del mundo contemporáneo es la de negar nuestras intuiciones más profundas de vida en favor de un valor que, por sí mismo, no dice mucho: el esfuerzo. La fuerza de voluntad tiene un lugar en situaciones muy concretas, por ejemplo, para resolver un momento de emergencia o confrontar ciertos hábitos nocivos. Pero esforzarse a diario por algo que niega tus valores, tus convicciones y tus sentimientos revela una gran contradicción que genera frustración, apatía e insatisfacción personal a largo plazo. Muchas vidas erráticas resultan de este conflicto.

Así que una pregunta que cabe hacerse con frecuencia es: ¿para qué hago lo que suelo hacer?¿Desde dónde lo hago: desde la fuerza de voluntad y la supervivencia o desde la confianza en mí mismo y la creatividad?

Que cada mañana sea una invitación a una vida creativa…

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