Camino

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Si la humanidad estuviese representada por un único gigante humano, la imagino convaleciente en un hospital con un diagnóstico de sufrimiento interior crónico. Un gigante, sí, con chispazos de lucidez y genialidad, pero constantemente avasallado por el conflicto, la exigencia, la queja, el miedo y un sentimiento de vacío interior.

Dotarle a la vida de un sentido auténtico no es algo que ocurre así como así, algo que se adquiere en una tienda o con un título académico. Por eso, hay ciertas preguntas que son maestras, precisamente porque nos sacan de los límites establecidos por la rutina diaria y nos disponen a una dimensión más profunda de nuestro ser. Una de ellas es: ¿cómo imaginas que será el mundo dentro de 100 años? Tal vez imagines un panorama de destrucción y caos, tal y como ya lo ha configurado el cine de Hollywood, o a lo mejor visualizas un paisaje armonioso y florido. Para captar la importancia de esta visión podemos afinar un poco más la pregunta y decir: ¿tu vida es parte de ese panorama que has visualizado o no tienes nada que ver? Dicho de otro modo, ¿forma parte de ese panorama futuro la realización de tus propósitos de vida o no?

Volviendo al gigante humano del principio, lo más probable es que vea la realidad presente o futura como algo ajeno que le sucede, algo exterior que padece o sufre, algo azaroso que él no ha elegido, no le gusta o que carece de sentido. A ese gigante adormecido le dijeron que había venido al mundo como una hoja de papel en blanco que ha de ser mecanografiada; de hecho así ha sido, sólo que esa hoja ha sido escrita por otros. El grado de convicción con el que la familia, la sociedad o los patrones culturales dicen a uno cómo ha de ser y lo que tiene que hacer es directamente proporcional a la desconexión con su sabiduría interior, con sus propósitos de vida.

El mito de la “hoja en blanco” en el que se fundamenta el modelo educativo hace olvidar a nuestro gigante que vino a este mundo con una serie de cualidades, aprendizajes y enseñanzas específicas que a lo largo de su vida tendrá que ir reconociendo, recordando, realizando. Curiosamente nos es fácil aceptar que una diminuta semilla contiene dentro de sí el conocimiento suficiente para desarrollar un árbol robusto; sin embargo, no solemos ver esa analogía en los seres humanos. ¡Incluso el rostro de muchos bebés trae un aroma de anciano en sus primeros meses de vida!

Suena paradójico, pero una manera de afrontar la cuestión del sentido de vivir está en deshacerse de aquello que no proporciona sentido a nuestras vidas. Borrar la mecanografía que ha sido escrita inconscientemente por otros en nuestra hoja de papel y reconocer el texto mágico que hay debajo. Esta tarea no se realiza de un día para otro, sino que es más bien un proceso paulatino de observación y dilucidación de qué es lo que realmente nos pertenece y qué no.Cuando se reconoce ese texto mágico que reside en nuestro interior, lo más probable es que el mundo soñado dentro de 100 años, cuando ya no estés, sea muy diferente y tú te sientas parte de él. Incluso puede que el gigante empiece a mostrar claros síntomas de curación.

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