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Nací en Murcia en el verano de 1982, aunque ya no lo recuerdo. Mi vocación filosófica comenzó hacia los 18 años, mientras estudiaba Empresariales en la universidad sin más motivación que la de encontrar un trabajo seguro y estable. Desde entonces, una fervorosa necesidad de conocer el mundo y una propensa sensibilidad hacia a la búsqueda personal me han acompañado en mi camino.

Abandoné el interés por la economía fascinado y dolido por el descubrimiento de las desigualdades y los movimientos sociales, especialmente cuando viví en Brasil y en Francia durante los años 2005 y 2006, estudiando como becario en la Universidad Católica de Pelotas (Río Grande del Sur) y en la Sorbona de París. Vi favelas destartaladas y lujosos barrios parisinos, tuve amistades que me enseñaron la sencillez de vivir con escasos recursos materiales y choqué de frente con varios de los mecanismos de exclusión que operan en el sistema actual. Vivir entre esos dos mundos marcó un vuelco existencial en mí.

Un fuerte anhelo de justicia me llevó a trabajar en la Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo (AECID) entre 2007 y 2008, en México, y a realizar un doctorado en Ética en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia entre 2008 y 2012. Allí trabajé como investigador y profesor durante varios años.

Durante ese período estuve también en la UNAM de México y el Instituto de Ciencias Humanas de Nápoles. También impartí un seminario de filosofía en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en México. El resultado de todo este largo período de lecturas, viajes y activismo social quedó plasmado en el ensayo Éticas de la vida. La emergencia de un nuevo paradigma.

Poco a poco, mis viajes por el mundo exterior comenzaron a dirigirse más y más hacia el mundo interior, llevándome hacia nuevas, múltiples y profundas experiencias de cambio personal e invitándome a leer muchos tesoros de sabiduría perenne producidos por distintas tradiciones de Oriente y Occidente. Este lento proceso de indagación me llevó a comprender una dimensión más profunda de la filosofía, el ejercicio vivencial de este saber y su utilidad para la vida. Comprendí que el origen de la sabiduría en la antigüedad estuvo vinculado al ejercicio del arte de vivir, es decir, a la indagación, el aprendizaje y la maduración constante sobre uno mismo y el significado del vivir.

Desde entonces me dedico al acompañamiento de grupos y personas en este proceso de transformación y conocimiento de sí mismo a través del diálogo filosófico.

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